No en mi nombre: hijos de torturadores argentinos repudian a sus padres

LES HABLA EL PADRE ETERNO A LOS TORTURADORES

De verdad os digo, que si uno de aquéllos que fué encarcelado, por defender los derechos de mis humildes,

los causantes, malditos son;

así lo pidieron estos espíritus, en su justicia final; ¡y pobres de aquéllos, que hablen a un maldito! por la misma voz, reciben la ley de maldito; así es la divina justicia del Padre; es expansiva; tal como lo es el universo viviente;

he aquí a lo que llegásteis servidores de la fuerza.-

  Y todo aquél ó aquélla que no sirvió a mis humildes, con todas las fuerzas de sus corazones, recibirán la tragedia.-

Porque el todo sobre el todo, pidió participar en todo;
la palabra maldito significa
espíritu de las tinieblas;
seres salidos de los universos de la maldad;
y que pidieron probar vida en los universos de la luz;
las tinieblas son también filosofías vivientes;
y representan historias galácticas que se rebelaron a las escrituras y leyes del Padre Jehova;
porque cada mundo como el de vosotros, tiene sus Sagradas Escrituras; nadie es desheredado; ni la materia ni el espíritu.-

 

Escrito por Alfa y Omega.- 

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No en mi nombre: hijos de torturadores argentinos repudian a sus padres

Por Carlos Cué / Resumen Latinoamericano/   9 JUL 2017 –

 

Un grupo de familiares de represores se unen para rechazar sus crímenes y exigir que cumplan sus condenas

 Sus reuniones son duras. Una especie de terapia colectiva. La mayoría lleva años sin compartir su secreto, y tienen muchas ganas de hablar. Necesitan sacarlo. “Al principio fue una catarsis. Acabamos llorando casi todos. Arrastramos una cultura muy arraigada que nos dice honrarás a tu padre. pEs muy difícil romper con eso”, cuenta María Laura Delgadillo, una de las fundadoras de “Historias desobedientes”, el grupo que ha conmocionado a una Argentina acostumbrada a los relatos terribles de la dictadura. Pero este es diferente, porque se hace desde dentro. Son los hijos de los represores, que se rebelan contra sus padres y se unen para exigir que no salgan de la cárcel, que cumplan sus condenas de cadena perpetua.
María Laura Delgadillo y Walter Docters durante la entrevista (foto Mariana Eliano)

Durante años, el mundo de la represión de una de las peores dictaduras del planeta se dividía en dos, como los espacios dentro de los juicios de lesa humanidad: por un lado, los represores y sus familias, por otro, las víctimas y las suyas. Pero eso se acabó el día que este pequeño grupo en el que hay sobre todo mujeres, que empezaron media docena y ahora ya son más de 50, fue a una manifestación con una pancarta: “Hijos e hijas de genocidas por la memoria, verdad y justicia”.

 Allí estaba Analia Kalinec, hija de Eduardo Kalinec, alias doctor K, un conocido represor que cumple cadena perpetua. O Erika Lederer, hija de Ricardo Lederer, el obstetra que ayudó a parir a buena parte de los hijos de desaparecidas, que se suicidó en 2012 al ver que le iban a condenar. Erika no solo ha tenido valor para crear este grupo. También lo tuvo para encontrarse con el nieto 106 de Abuelas de Plaza de Mayo, al que su padre había ayudado a entregar a una familia fiel a la dictadura. La firma de Lederer en el falso certificado de nacimiento era su condena. Erika, también víctima de su padre, que la maltrataba, quería saber cómo podía ayudar a Pablo, el nieto al que el Lederer le había arruinado la vida.

Todos arrastran historias así, por eso sus reuniones son difíciles. “Algunos solo hemos recibido caricias de una mano contaminada por la tortura”, contó uno de ellos en la última cita. Muchos sufren consecuencias físicas de tanta tensión, se enferman. Tiene apoyo de psicólogos para que les ayuden a contar. Todos superan los 40 años, algunos llegan a 60, y sus padres se están muriendo. Lo que más les angustia es que lo hacen sin contar nada, sin decir dónde están los desaparecidos.

Porque el gran sueño de muchos de estos hijos es convencer a sus padres de que se arrepientan y ayuden a encontrar los cuerpos de los desaparecidos o los nietos aún sin recuperar. “Queremos romper el pacto de silencio que hay entre ellos. En las familias a veces hay datos que pueden reconstruir la historia. Si conseguimos unirlos podemos ayudar a otras víctimas”, explica María Eugenia Vergera, otra miembro del grupo, que tiene doble condición: es sobrina de un represor y a la vez esposa de un desaparecido.

El grupo de hijos de represores en su primera aparición pública en Buenos Aires, el 3 de junio pasado. AFP

El sueño sería que los hijos lograran convencer a los padres. Pero no se engañan, ahora mismo parece imposible. El pacto de silencio de los represores ha resistido. Nadie se ha arrepentido ni ha dado un solo dato de una fosa común. Ni siquiera ante sus hijos. Liliana Furió, hija de un conocido represor de Mendoza, condenado a perpetua en 2013, lo intentó muchas veces. Hasta que él le gritó “No se hablé más, si tuviera que volverme a poner la capucha lo volvería a hacer”. Ahora él está senil, y ella lo visita en su arresto domiciliario. Algunos tienen relación con sus padres, otros no. Muchos han fallecido.

“Mi padre se murió discutiendo conmigo”, cuenta Walter Docters. Su padre era represor y él luchaba contra la dictadura, pasó varios años en la cárcel. Pero no lo mataron precisamente por su apellido, porque Echecolatz, que dirigía la represión en la provincia de Buenos Aires, le prometió a su padre que lo salvaría. “Era de ideología nazi, era arquitecto y trabajó con Echecolatz en el diseño de los lugares donde tenían a los detenidos. Yo militaba en el ERP pero él logró que no me mataran”. También le pidió muchas veces que confesara, sin éxito. “Me decía tú tienes tus compañeros, yo los míos. Ellos te mantuvieron con vida, cumplieron, yo no voy a ir contra los muchachos”.

Precisamente el conmovedor testimonio de la hija de Echecolatz, que apareció en la revista Anfibia, impulsó a muchos de estos hijos a unirse. Algunos ya habían aparecido con sus historias en el libro Hijos de los 70 (Sudamericana) de Carolina Arenes y Astrid Pikielny, un texto sobrecogedor. Pero Mariana, que ya no se apellida Echecolatz porque se lo cambió, removió muchas cosas al contar el horror de ser hija de ese monstruo que también lo era en casa, como muchos de ellos. Aunque no todos, algunos se comportaban como padres muy cariñosos.

Quieren justicia. Exigen que a sus familiares no se les apliquen un beneficio, el llamado dos por uno (dos días por cada uno pasado en prisión preventiva) que sacaría a muchos a la calle. Algunos tienen terror ante la idea de que sus padres salgan libres.

A otros, como Delgadillo, cuyo padre murió sin condena, les mueve una necesidad de hacer algo para reparar un daño que ni siquiera conocen del todo. “Mi papá era comisario de policía. Un día encontré una capucha entre sus cosas. Alguna vez trajo ropa, zapatos, un reloj, un microscopio, de sus operativos. Mi madre siempre nos prohibió tocar esas cosas. Lo quemó todo salvo el microscopio. Era muy violento, nos pegaba con una caña. Mi mamá se intentó suicidar metiéndose en un cuartel de noche, para que mi viejo viera cómo eran sus compañeros, pero no le dispararon”.

Otros sí conocen con detalle los crímenes de sus padres, los han leído en sentencias judiciales, han escuchado los testimonios de las víctimas. Y les cuesta vivir con ese peso. Por eso se unen. Están recibiendo mensajes de todo el mundo, y en Chile algunos hijos de represores quieren organizar algo parecido. Todos quieren gritar lo mismo: no en mi nombre.

 

 http://www.resumenlatinoamericano.org/2017/07/11/no-en-mi-nombre-hijos-de-torturadores-argentinos-repudian-a-sus-padres/

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NOS ENSEÑA EL PADRE ETERNO SOBRE LOS MILITARES

 

 Las llamadas fuerzas armadas, son filosofías hipócritas; nunca tomaron en cuenta a mis humildes, por sobre todas las cosas; he aquí un falso concepto del patriotismo; si no servía a mis humildes por sobre todas las cosas, ¿a quién servísteis? ó se sirve a la luz, ó se sirve a las tinieblas; vuestras conciencias os acusarán de engañadores en el reino del Padre; y tendréis que pagar segundo por segundo, el tiempo que duró el engaño; todos los poros, células, virtudes, moléculas, de todos a quienes engañásteis, os acusarán en el Reino del Padre; y cada uno de ellos, representa una existencia, que deberéis cumplir fuera del Reino de los Cielos; por vosotros fué escrito: el que mata a espada, muere a espada; quise deciros: el que emplea la fuerza, cae por la fuerza; en otras existencias y en lejanos mundos, vosotros seréis víctimas de la fuerza; porque todo espíritu nace de nuevo a nuevas existencias; con la filosofía ó vara que medísteis en un mundo, así seréis medidos en la Tierra y en otros mundos; de verdad os digo, que maldeciréis vuestros uniformes, en el llorar y crujir de dientes; con ellos engañásteis al pueblo; en otras existencias hicísteis lo mismo; en otros naceres de nuevo; en esta existencia, pedísteis al Padre, no volver a servir al demonio de la fuerza; y volvísteis a caer; ninguno que vistió uniforme, entrará al Reino de los Cielos; he aquí una de las formas, de que se valió satanás, para engañaros; explotó astutamente, el concepto pasajero, de lo que llamáis patriotismo; de verdad os digo, que el verdadero patriotismo, sale de la moral de mis escrituras; y no de las violaciones de los hombres; la moral de lo falso es fruto falso; de verdad os digo, que si uno de aquéllos que fué encarcelado, por defender los derechos de mis humildes, los causantes, malditos son; así lo pidieron estos espíritus, en su justicia final; ¡y pobres de aquéllos, que hablen a un maldito! por la misma voz, reciben la ley de maldito; así es la divina justicia del Padre; es expansiva; tal como lo es el universo viviente; he aquí a lo que llegásteis servidores de la fuerza; y todo aquél ó aquélla que no sirvió a mis humildes, con todas las fuerzas de sus corazones, recibirán la tragedia; la tragedia de no entrar al Reino de los Cielos; así lo pidieron al Padre, si llegasen a violar la ley del Padre; y la violaron; todo lo que hicísteis en este mundo, fuera de las escrituras, os traerá llorar y crujir de dientes; porque se está con el Padre, ó no se está.-

 

Escrito por Alfa y Omega.- 

Ciencia Celeste

http://www.cienciaceleste.com/

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